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Esteban Domic: “Lamentablemente Chile no ha tenido la visión para mantener los centros de investigación que tenía”

Socio de Voces Mineras desde 2019, su trayectoria en la minería ha estado marcada por su aporte al desarrollo de la hidrometalurgia. Hoy trabaja en el proceso de lixiviación clorurada, con una tecnología que podría implicar una transformación para la minería actual.

Ingeniero Civil de Minas de la Universidad de Chile, Esteban Domic es el creador del “proceso de lixiviación TL”, que cambió el curso de la hidrometalurgia y que lo ha hecho merecedor de varios reconocimientos, entre ellos del Ministerio de Minería en 1980, Centenario de Sonami en 1983, a la Innovación Tecnológica en 1985, Profesional Distinguido IIMCh en 1990, Medalla al Mérito Científico en 1995, por mencionar algunos.

Ejerció la docencia en su alma mater por más de 35 años y desde 1990 hasta hoy se desempeña como consultor en Ingeniería de Procesos Metalúrgicos, donde ha continuado generando conocimiento. En la actualidad se encuentra aportando al desarrollo de la tecnología de lixiviación clorurada, una solución que podría reemplazar el uso de la concentradora en minerales de tipo primario como la calcopirita.

Como hitos de su carrera, este socio de Voces Mineras destaca su paso por el que fuera el Instituto de Investigaciones Tecnológicas de Corfo (Intec), al que se integró desde que salió de la universidad y le permitió acercarse a la innovación tecnológica. Asimismo, su ingreso a Minera Pudahuel donde, antes de cumplir 30 años de edad, le tocó desarrollar lo que después se proyectó como la lixiviación en pilas con extracción por solventes, que se convirtió en un punto de inflexión para la minería.

“Fue una responsabilidad muy grande, pero también una oportunidad muy temprana, que marcó toda mi trayectoria posterior”, comenta.

Esteban Domic en Minera Pudahuel, 1981.

Luego, trabajando para un naciente grupo minero Luksic (hacia fines de los ’80), lideró la implementación de la primera planta que usó agua de mar con la tecnología de lixiviación para la producción de cátodos de alta calidad. “De ahí nació la idea de hacer la lixiviación clorurada. De hecho, ya la estábamos haciendo con minerales que no eran tan refractarios como ocurre con la calcopirita, pero partimos en esa época trabajando con el cloro del agua de mar. Fue un periodo muy desafiante”, recuerda.

-Como creador del proceso de lixiviación TL, ¿se siente responsable del cambio de curso que significó para la hidrometalurgia en Chile?

Sin duda marcó un hito, porque nadie lo había postulado y menos lo había hecho. Nosotros, forzados por las circunstancias, tuvimos que pasar adelante y ejecutar en la práctica esta solución. Los desarrollos en cualquier metal y particularmente en la minería del cobre, que es tan predominante en Chile, solamente se producen cuando son extremadamente convenientes o porque el cambio es imperioso de hacer. De otro modo, es muy difícil que las jefaturas acepten un cambio, porque la industria es muy conservadora. Se requieren inversiones tan altas, que nadie quiere arriesgarse. De cierta forma, fue una suerte para nosotros haber tenido ese problema, que debíamos resolver porque la subsistencia de la compañía dependía de ese proceso.

-¿Cómo resume los beneficios que implicó esta tecnología?

Esteban Domic creó el proceso de lixiviación TL.

Primero, abrió el camino para todos los minerales de más baja ley, porque los costos de operación son extremadamente bajos. Segundo, ocupa una cantidad de agua que era la cuarta o quinta parte de lo que se utilizaba habitualmente en la minería, y eso tuvo una repercusión que todavía se mantiene. Tercero, genera un residuo que no es ambientalmente agresivo y es, por lo tanto, muy fácil de manejar. Por último, y lo más importante para una empresa, se producen cátodos de alta calidad. Vale decir, sin haber pasado por la fundición, se obtiene un precio del cobre con premio incluso, dado que las impurezas son mínimas y no perjudican el uso posterior del cobre producido. La tecnología es ventajosa desde todo punto de vista. Por eso entró tan rápido cuando hubo disponibilidad de capitales para desarrollar proyectos en Chile.

-Desde entonces, ¿qué otros cambios tecnológicos o eventualmente quiebres tecnológicos ha habido en la minería durante los últimos años?

La minería es un campo de experimentación de tecnologías nuevas. Está el gigantismo en equipos y maquinaria, que alcanzó niveles impensados. También la entrada de la computación, que también ha llegado a niveles que nadie se hubiera imaginado, hasta permitir que se pueda manejar una mina ubicada en localizaciones remotas desde Santiago. Otro hito importante es la incorporación del agua de mar y del proceso de desalado a los sistemas de manejo de minerales, liberando a la minería del uso de agua apta para consumo humano.

Hay algunos otros adelantos que vale la pena destacar, que van en la dirección de ir mejorando los sistemas existentes, pero quiebres en cuanto a obtener un proceso totalmente novedoso o diferente, no ha habido. Y es difícil que ocurran, porque las rutas están un poco marcadas por los minerales que se van a tratar. Los minerales han ido cambiando, al profundizarse las explotaciones, pero en forma muy paulatina, a causa de la diversidad geológica, que se va haciendo disponible de a poco. Y debido a ello, los procesos también se han ido adaptando de a poco. Es poco probable que surja un mineral diferente que requiera un tratamiento diametralmente distinto.

Innovación hecha en Chile

-¿Cuál es su opinión del nivel de investigación, desarrollo e innovación que existe en Chile en relación con la minería?

Es muy bajo. Lamentablemente Chile no ha tenido la visión de sus políticos ni de sus gobiernos para mantener los centros de investigación que tenía. A quien le pregunte y que tenga algunos años de trayectoria en minería, va a encontrarse con la misma queja. Cuánta falta nos hace haber continuado con el concurso de dos instituciones que eran señeras en esa materia: el Intec, por un lado, y el Cimm (Centro de Investigación Minera y Metalúrgica) por el otro. Los dos nacieron a inicios de los años ‘70 y tenían una trayectoria consolidada, pero es un desastre que los hayan ido desmantelando hasta su desaparición, sin haberles dado la oportunidad a que se adapten o adecuen a los tiempos actuales, en que la dinámica de la investigación es mucho más exigente en términos de resultados tangibles.

-A su juicio, ¿no es suficiente la estrategia de atraer centros de investigación internacionales?

Nos llenan una carencia que es evidente, pero son todos centros que, cuando generan un desarrollo, éste deja de ser nacional. De alguna manera, el centro se apropia de la tecnología y se queda en Alemania o en Australia… Su casa madre es la que aprovecha finalmente el éxito de la investigación. En Chile queda el producto, pero no queda el desarrollo fundamental. Y hasta los investigadores nacionales que trabajan en ellos, algunos muy destacados, terminan yéndose y generalmente no hacen escuela en el país, porque aquí no se les ofrece una posibilidad de continuidad en el desarrollo de sus investigaciones.

Que tengamos buenos jugadores y que participen en esos equipos internacionales es mejor que nada, pero no es lo óptimo. Echo de menos que sea una institución nacional. Experimenté personalmente los beneficios de haberlas tenido cuando las había.

-Ante el proceso constituyente en curso, ¿considera que la innovación debiera ser parte de esa instancia?

No creo que sea un tema que deba estar en la Constitución, sino más bien depende de definiciones de políticas, de desarrollo de largo plazo, pero que sean sostenibles en el tiempo.

-¿Qué le parece que el subsecretario de Minería del nuevo gobierno venga de la academia? ¿Puede haber por ahí más estímulo a la I+D?

No sé…personalmente soy bastante crítico de la academia, porque participé de ella durante casi 40 años. La verdad es que la academia es muy útil para muchas cosas, pero no entrega experiencia de terreno. Y ésta es vital, porque aterriza las ideas que pueden ser brillantes en el papel, pero que al llevarlas a la práctica simplemente no tienen aplicación. El problema, para ser resuelto, tiene que estar vinculado con la realidad. Y la realidad no sale en los libros.

El ingeniero Domic durante la entrevista para Voces Mineras.

Una solución que genera expectativas

“El origen del cobre que se está produciendo hoy en Chile proviene en más de un 80% de la calcopirita”, hace ver Esteban Domic. Con ese desafío al frente está trabajando como asesor senior de la empresa Nova Mineralis, un emprendimiento que tiene varias patentes en tramitación para una tecnología que apunta a lograr una vía hidrometalúrgica para la calcopirita y con la que ya han tenido muy positivos resultados en pruebas a escala piloto y usando minerales y concentrados de diverso origen.

“Nuestra expectativa es conseguir un proceso capaz de reemplazar la concentradora para los minerales de tipo primario, calcopirita, para los que la flotación es hoy la única ruta viable y para la que necesitan un alto grado de molienda, con consumo de energía y agua, lo que limita las leyes de mineral procesable”, sostiene Domic.

Además, la tecnología desarrollada “es una alternativa para los minerales que ya están en la concentradora y se producen hoy como concentrado, para evitar el uso de las fundiciones y pasar directo de concentrado a lixiviarlos y ocupar la capacidad ociosa que ha ido quedando en numerosas plantas”, añade.

El socio de Voces Mineras cuenta que se está trabajando en la comercialización de este desarrollo, de manera que sean los clientes los que lo evalúen en el terreno. Y asegura que tiene ventajas frente a otras opciones: recupera más eficientemente la totalidad del cobre contenido en la calcopirita y es altamente eficiente para recuperar subproductos.

“Nuestro objetivo es ojalá mantener el nivel que Chile ha tenido en la producción de cobre a partir de procesos hidrometalúrgicos y aumentarlo. Porque, de casi 2 millones de toneladas de cátodos que representaban más del 40% de nuestra producción hace pocos años, hoy ha caído a menos de 1,5 millones, dando paso a que los concentrados sean los dominantes, con todos los agravantes medioambientales que eso trae consigo”, subraya Domic.

Si la implementación de esta nueva tecnología resulta ser exitosamente recibida por la industria, sin duda generará una nueva transformación en la minería.

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