Juan Ignacio Díaz, de ICA: “La velocidad en los permisos mineros es un tema estratégico”

Según el presidente de la International Copper Association, si el cobre no está disponible a la escala y en el tiempo que la industria necesita, los fabricantes van a explorar otras alternativas. “No por calidad, no por costo, sino por certeza de suministro”, señala.

Juan Ignacio Díaz, primer chileno en presidir la ICA.

Hace unos días estuvo en Chile para participar en la Semana Cesco 2026 y en particular en el ICA Day, como presidente de la International Copper Association, la principal organización mundial que representa a la industria del cobre, promueve su uso y defiende sus mercados. Bajo el lema “el cobre es transformador”, Juan Ignacio Díaz –primer chileno que encabeza la ICA, desde 2024– planteó en la instancia que el gran desafío es cómo producir cobre lo suficientemente rápido y, a la vez, de manera sostenible y responsable.

En entrevista con Voces Mineras, el ejecutivo se refirió al rol que cumple la ICA, a las amenazas que podría enfrentar el cobre y a la necesidad de garantizar que este insumo esté disponible para responder a la demanda, dentro de la cual India representa al mercado de mayor crecimiento en los próximos 20 años.

– ¿De qué manera o por medio de qué acciones actualmente ICA promueve al cobre y protege sus mercados?

– ICA trabaja en tres frentes simultáneos: Promover, Proteger y Defender. Primero, promovemos el cobre como elemento de elección ante los fabricantes de tecnología. Lo hacemos con datos y con cálculos concretos sobre la vida útil de una infraestructura construida con cobre, versus otras alternativas. La evidencia es clara: el cobre, evaluado en su ciclo de vida completo, es más eficiente, más circular y duradero que cualquier otra opción disponible.

Segundo, protegemos los mercados a través de estudios científicos que evalúan el impacto del cobre en la salud humana, en plantas, animales y ecosistemas. Con esa evidencia incidimos directamente ante gobiernos y reguladores, asegurando que el cobre producido en Chile, Perú, México, USA o cualquier otro país, pueda acceder de manera fluida a los mercados donde se usa.

Tercero, defendemos la demanda con inteligencia de mercado y capacidades de ingeniería. Esa defensa la ejecutamos en 7 regiones manufactureras clave: China, India, Estados Unidos, Europa, México, Japón y Corea. Y dentro de esas regiones, nos enfocamos en 6 aplicaciones específicas: motores, transformadores, cables, vehículos eléctricos, aire acondicionado y bombas de calor. ¿Por qué esas 7 regiones y esas 6 aplicaciones? Porque juntas representan más del 70% de la demanda global de cobre.

– ¿Cuáles son las principales amenazas que ven hoy para el cobre desde el punto de vista geopolítico?

– Hay dos amenazas reales. La primera es la fragmentación del comercio global. Cuando el mundo se reorganiza en bloques, lo que llaman “friendshoring” o “nearshoring”, las cadenas de suministro se complican, los costos suben y la incertidumbre frena la inversión en infraestructura, y eso afecta al cobre. La segunda amenaza es la concentración geográfica del uso de cobre. Cuando más del 40% del cobre del mundo pasa por un solo país, cualquier tensión geopolítica en esa región genera volatilidad en el mercado global. El riesgo de dependencia extrema en minerales críticos está en la agenda de casi todos los gobiernos hoy, y el cobre es central en esa conversación.

– ¿Qué restricciones comerciales están afectando hoy a las exportaciones de cobre, en qué medida y qué riesgos advierten a futuro?

– La más relevante hoy es la investigación de la Sección 232 en Estados Unidos, específicamente la orientada al cobre. Esta es una investigación de seguridad nacional que podría derivar en aranceles sobre las importaciones de cobre a ese mercado. Para países productores como Chile, Perú o Zambia, eso no es trivial. Estados Unidos importa alrededor del 45% del cobre que consume. Si se impone un arancel, se alteran los flujos de comercio, los precios internos y la competitividad de los productores que hoy abastecen ese mercado.

En lo operacional, el riesgo más urgente es el ácido sulfúrico. China anunció la suspensión de exportaciones a partir de mayo de 2026, y los precios en Chile subieron 44% en un mes. Esto golpea directamente el proceso SX-EW, que es la tecnología de lixiviación que usan las operaciones de óxidos de cobre y que depende del ácido como insumo esencial. Cerca del 20% de la producción chilena usa ese proceso. No es una barrera a la exportación, pero puede reducir volúmenes y elevar costos de forma significativa.

En lo ambiental, no existe aún una restricción directa al cobre chileno. El CBAM (Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono de la Unión Europea) entró en vigencia en enero pasado, pero aplica solo al acero, aluminio, cemento, fertilizantes y electricidad. El cobre no está incluido ni en la propuesta de expansión más reciente. El riesgo futuro, sin embargo, es real: trazabilidad, huella de carbono y estándares de sostenibilidad que podrían influir en preferencias de compra y condiciones de acceso a mercados.

– ¿Cuán factible consideran la posibilidad de que surja un sustituto del cobre y por qué?

– Seamos claros: los sustitutos del cobre ya existen, y comienzan a operar no solo por precio, sino por disponibilidad. Los grandes fabricantes de tecnología tienen que decidir con qué material producen, y un factor cada vez más determinante, más que el precio, es saber si ese material va a estar disponible no solo hoy, sino a futuro. Esa es la amenaza real, y no la podemos ignorar. Por eso la velocidad en los permisos mineros no es un tema burocrático, es un tema estratégico. Si el cobre no está disponible a la escala y en el tiempo que la industria necesita, los fabricantes van a explorar alternativas. No por calidad, no por costo, sino por certeza de suministro.

Ahora bien, la sustitución total y absoluta del cobre no es viable. Hay materiales que pueden reemplazar al cobre en algunas aplicaciones eléctricas, y ya lo hacen. Pero en cables de poder, en electrónica, en motores eléctricos, en equipos de calefacción y refrigeración, que son precisamente los sectores que más crecen con la transición energética, el cobre tiene una ventaja real. La reciclabilidad, conductividad, la durabilidad, ductilidad y el comportamiento térmico del cobre son propiedades que ningún material combina igual. Lo que vemos en la industria es competencia en los márgenes. Y la mejor defensa frente a esa competencia es garantizar que el cobre esté disponible cuando el mundo lo necesite.

– Desde el punto de la demanda, ¿qué impacto podría tener India como mercado para el cobre?

– India es posiblemente la mayor historia de crecimiento de demanda de cobre en los próximos 20 años. Hoy consume alrededor de 1,7 millones de toneladas anuales. Para dimensionar: China consume más de 15 millones. Pero India tiene 1.400 millones de personas, una tasa de urbanización acelerada, un plan agresivo de electrificación rural, y está construyendo la infraestructura que China construyó hace dos décadas. Cada infraestructura eléctrica, cada edificio nuevo, cada vehículo eléctrico que se venda en India representa demanda de cobre. Las proyecciones más conservadoras apuntan a que India podría triplicar su consumo antes de 2040. Eso es una oportunidad enorme para la industria y un argumento poderoso sobre el futuro del cobre.

– Por el lado de la oferta, ¿qué importancia le atribuye al desarrollo de la Región Andina como epicentro de producción?

– La Región Andina, Chile, Perú, en menor medida Argentina y Bolivia, tiene la concentración de reservas de cobre más grande del mundo. Chile tiene cerca del 23% de las reservas mundiales conocidas. Eso no cambia. Lo que sí puede cambiar es si esas reservas se convierten en producción a tiempo y a escala. Hoy existen proyectos importantes en desarrollo o en expansión en Freeport, Anglo, Codelco, Collahuasi, Antofagasta Minerals, entre otros, pero también hay presiones reales: permisos que tardan demasiado, costos operativos que crecen, tensiones sociales y regulatorias. El mundo va a necesitar 42 millones de toneladas de cobre hacia 2040. Buena parte de eso tiene que venir de la Región Andina. La pregunta no es si hay cobre ahí; es si las condiciones de inversión permiten extraerlo a tiempo.

– ¿Qué rol está cumpliendo hoy el reciclaje de cobre para abastecer la demanda y cómo proyectan que será en el futuro?

– El reciclaje ya representa entre el 35 y el 40% del suministro global de cobre. Eso no es trivial, es una contribución real y estructural. El cobre tiene una ventaja enorme frente a otros materiales: se puede reciclar indefinidamente sin perder propiedades. Eso lo hace un metal de economía circular por naturaleza. Ahora, la limitación del reciclaje es que depende del stock existente: no puedes reciclar lo que todavía no se ha instalado.

En un mundo donde estamos agregando cantidades masivas de cobre nuevo en redes eléctricas, vehículos eléctricos e infraestructura, ese cobre tardará 20 o 30 años en volver al ciclo como chatarra disponible. Entonces, en el mediano plazo, el reciclaje crece, pero no alcanza a cubrir el incremento de demanda. La minería primaria sigue y seguirá siendo absolutamente indispensable. A largo plazo, el reciclaje va a ser cada vez más relevante. Las dos cosas son ciertas al mismo tiempo.

– ICA tiene cerca de 40 miembros hoy. ¿Cuál es la estrategia para sumar nuevos integrantes?

– La ICA hoy tiene 39 miembros. La estrategia más efectiva es demostrar valor. Cuando una empresa ve que ICA es el lugar donde se discuten los grandes temas de la industria o donde se definen los estándares técnicos que afectan su producto, o donde se construye el caso del cobre frente a gobiernos que tienen que decidir en qué invertir, la conversación sobre membresía es fácil. Dicho eso, hay segmentos donde queremos crecer. Queremos más presencia de productores de mercados emergentes, más equilibrio geográfico, y también incorporar empresas de la cadena de valor del cobre, no solo productores mineros, sino fabricantes con cobre, proveedores críticos de la industria del cobre y empresas de reciclaje.

Al final, la industria somos todos, y necesitamos colectivamente promover, proteger y defender esta industria. El cobre es un ecosistema. ICA tiene que representar ese ecosistema completo.