Según el analista, el cumplimiento de esa previsión dependerá fundamentalmente de la ejecución oportuna de proyectos de expansión y reposición de capacidad en grandes operaciones. Para este año, dice, proyectan una caída en torno al 6% en la producción de cobre.
Factores estructurales y coyunturales explican la caída de producción de cobre en Chile, dice Andrés González, encargado del área de Análisis de la Industria Minera en la consultora Plusmining. Entre los primeros menciona el envejecimiento de los yacimientos y las menores leyes del mineral, a los que también suma la escasez de grandes proyectos greenfield, que califica como una “debilidad estructural” de la minería chilena.

De acuerdo con la información que manejan en la consultora, la caída de producción de cobre ha sido generalizada entre las principales minas del país, con algunas excepciones como Quebrada Blanca, Los Bronces, Radomiro Tomic y Andina. “Entre enero y agosto de 2026 la producción nacional disminuyó en aproximadamente 270 mil toneladas de cobre (-7,7%) respecto del mismo período de 2025. Cerca del 80% de esta caída se concentra en dos empresas: BHP, con 147 mil toneladas menos, principalmente por las menores producciones de Escondida (-11,4%) y Spence (-25,5%), y Codelco, con una reducción cercana a 67 mil toneladas, explicada principalmente por El Teniente (-20,3%) y las caídas de Chuquicamata y Ministro Hales”, detalla.
En entrevista con Voces Mineras el analista explica los factores que están detrás de las bajas, puntualizando que la ley promedio del mineral procesado en concentradoras en Chile cayó desde 1,38% el año 2000 hasta 0,69% en 2025. “Aunque las leyes de faenas individuales pueden mejorar temporalmente según sus planes mineros, la tendencia generalizada a la baja constituye un desafío estructural que persistirá en el largo plazo”, acota.
Por el lado de los factores coyunturales, destaca las mantenciones operacionales y los temporales de julio y agosto, que afectaron especialmente a Caserones y Los Pelambres. “Si bien estos efectos son transitorios, no puede descartarse la ocurrencia de nuevos episodios climáticos extremos”, observa.
Además, menciona factores relacionados con el entorno de inversión, cuyo impacto se manifiesta a más largo plazo. “No se puede descartar que la prolongada discusión sobre el royalty minero y los procesos constitucionales hayan llevado a algunas compañías a postergar decisiones de inversión, a la espera de mayor certeza jurídica y tributaria”, sostiene, haciendo ver que el aumento explosivo de la inversión minera ingresada al Sistema de Evaluación Ambiental respaldaría esa tesis.
“Por último, existen factores particulares de algunas operaciones. En El Teniente, por ejemplo, la producción continúa afectada por las consecuencias del accidente fatal de 2025 y Codelco anticipa que la recuperación completa podría tomar al menos cinco años”, añade.
Perspectivas
– ¿Cuál es su estimación para la producción minera de este año? ¿Coinciden con la caída de 3,3% que proyecta Hacienda para el PIB minero?
– Considerando que en el primer semestre el PIB minero cayó 4,7% y que el Imacec minero de julio y agosto cayó 9,3% y 17,4% respectivamente, es muy probable que la caída para el año completo sea muy superior a 3,3%. Nuestra proyección de la producción de cobre actual se ubica por debajo de los 5,1 millones de toneladas, lo que supone una caída en torno al 6% respecto de 2025.
Esta vendría siendo la menor producción desde 2003 y casi 800 mil toneladas menos que el máximo logrado en 2018. Para poner en contexto, esta caída es similar a toda la producción del Distrito Norte de Codelco, incluyendo Chuqui, RT, Ministro Hales y Gaby.
Esto es preocupante no sólo para la actividad minera propiamente tal, sino para la economía nacional en su conjunto. De hecho, una caída de 1% interanual en la actividad minera se asocia con una reducción de aproximadamente 0,12 puntos porcentuales en el crecimiento interanual de la actividad económica agregada, pero esto puede ser aún mayor considerando spillovers a otros sectores.
Si bien 2026 marcará el peor año en más de 20 años por los factores mencionados anteriormente, lo cierto es que la producción nacional viene con una tendencia a la baja desde los últimos ocho años. Es de esperar que 2027 presente una mejora.
– ¿Cuándo y bajo qué condiciones debiéramos ver una recuperación importante de la producción?
– Espero una recuperación de la producción de cobre en 2027, en torno al 4%, impulsada principalmente por mejoras operacionales y mayores leyes en faenas, como Quebrada Blanca, Candelaria, Collahuasi y Mantoverde. También podrían contribuir la entrada en operación de proyectos greenfield de mediana escala, como El Espino y Arqueros, y el inicio hacia fines de año de Nueva Centinela, que incorporará una capacidad adicional de 144 mil toneladas anuales en régimen. Por otro lado, no esperamos una recuperación significativa de Codelco, mientras que Escondida continuará enfrentando menores leyes y una tendencia decreciente de producción durante el resto de la década.
Hacia 2033 podríamos superar los 6 millones de toneladas anuales, dependiendo fundamentalmente de la ejecución oportuna de proyectos de expansión y reposición de capacidad en grandes operaciones. Sin embargo, una debilidad estructural de la minería chilena es la escasez de grandes proyectos greenfield. Entre los pocos desarrollos relevantes para los próximos diez años destacan Santo Domingo, Costa Fuego y, potencialmente, Vizcachitas, además de iniciativas de menor escala como Marimaca y Tovaku.
– De confirmarse, ¿qué impacto podría tener el manejo irregular de las cifras de producción en Codelco?
– El primer impacto es a nivel reputacional, en tanto cae la credibilidad de la empresa en todos los niveles, lo que sumado a su alta deuda financiera bruta, ya en torno a US$27.600 millones, podría llevar a nuevas rebajas en su calificación crediticia. Esta presión puede intensificar las exigencias de restructuración interna. Si bien este es un tema políticamente delicado, no se puede descartar una venta selectiva de participaciones en determinados activos, como parte de una estrategia para fortalecer la situación financiera de la empresa.

Escenario mundial
– ¿Cómo ven el panorama en el resto de los países mineros en cuanto a ejecución de proyectos y aumento de producción?
– El panorama internacional muestra una cartera importante de inversiones, pero con un crecimiento de producción todavía moderado. Se estima que la producción minera mundial aumentaría 1,3% en 2026 y 3,1% en 2027. Estas proyecciones fueron revisadas a la baja debido a dificultades operacionales en Chile, la RDC e Indonesia. Esto demuestra que, incluso con precios favorables e importantes inversiones, aumentar la producción efectiva sigue siendo un desafío para la industria.
– ¿Cuáles son sus proyecciones para la demanda y oferta de cobre a nivel mundial? ¿Hasta cuándo perduraría el desbalance que existe hoy?
– En el corto plazo se espera que el mercado mundial mantenga una escasez de concentrados, pero un mercado de cobre refinado relativamente equilibrado. Ahora bien, hacia el mediano y largo plazo vemos un riesgo creciente de déficit estructural, particularmente desde finales de esta década. La International Energy Agency (IEA) en su escenario Stated Policies –que es relativamente conservador– proyecta que la demanda de cobre refinado alcance aproximadamente a 31,4 millones de toneladas en 2030, impulsada por la electrificación, las redes eléctricas, la electromovilidad y los centros de datos. Sin embargo, la cartera de proyectos mineros existentes y anunciados sería insuficiente para cubrir cerca de un cuarto de los requerimientos de cobre primario hacia 2035.
– Si la oferta crece, ¿de dónde provendrán los primeros incrementos?
– Los primeros incrementos provendrán de China, Mongolia, Indonesia, RDC, Zambia, Perú, Chile y Panamá. En China, la expansión de Julong permitirá aumentar la producción de 194 mil toneladas en 2025 a 300 mil en 2026. En Mongolia, Oyu Tolgoi aumentó su producción 29% durante los primeros nueve meses de 2026 y apunta a alcanzar 500 mil toneladas anuales desde 2028. En Perú, Tía María comenzaría a operar en 2027, aportando en régimen unas 120 mil toneladas anuales. En Chile, Nueva Centinela incorporaría otras 144 mil toneladas anuales desde su puesta en marcha para 2027. En Panamá, si bien hay bastante incertidumbre, esperamos ver la reapertura de la mina durante el próximo año, lo que aportaría en régimen sobre las 300 mil toneladas.
También destacan las recuperaciones operacionales y expansiones. En Indonesia, Grasberg espera recuperar prácticamente toda su capacidad hacia fines de 2027. En la RDC, Kamoa-Kakula proyecta aumentar su producción desde 290-310 mil toneladas en 2026 hasta 380-420 mil en 2027. En Zambia sobresalen Kansanshi S3 y la expansión de Lumwana, prevista para 2028, con una producción objetivo de 240 mil toneladas anuales.
A mediano y largo plazo, Argentina destaca por su cartera de grandes proyectos greenfield. Si Vicuña, Mara, Los Azules y Taca Taca logran comenzar durante la próxima década, Argentina se convertirá en uno de los mayores productores de cobre a nivel global, aportando sobre el millón de toneladas anuales. También sobresalen Reko Diq en Pakistán, con 240 mil toneladas anuales en su primera etapa, Warintza en Ecuador (230 mil tpa durante sus primeros cinco años), Michiquillay en Perú (225 mil tpa) y Copper World en Estados Unidos (85 mil tpa).
En síntesis, el crecimiento inicial de la oferta provendrá principalmente de expansiones y recuperaciones operacionales, mientras que los grandes proyectos greenfield contribuirían de manera más significativa a partir de 2030, sujetos a sus respectivos avances en permisos, financiamiento y construcción.