Ignacio Gaueca: “Los proyectos que estaban durmiendo, despertaron”

Según el ingeniero, el impacto de un nuevo boom minero se está sintiendo ya en el área de movimiento de tierras, primera etapa de un proyecto. “Están todos con el pie en el acelerador, pensando en cómo generar más producto motivados por los altos precios de venta”, dice.

Nieto de abuelos vascos que llegaron a Chile a mediados del siglo XX, de ellos heredó su singular apellido paterno. Ignacio Gaueca nació en Santiago, en el seno de una familia de comerciantes, que la componían además sus dos hermanos mayores. Inspirado en el hermano arquitecto que le precedía, decidió estudiar Ingeniería Civil, pensando en la posibilidad de trabajar juntos en el futuro. Aunque ello no se concretó, terminó desempeñándose en el rubro de la construcción.

Hoy es gerente de Desarrollo de Negocios en la empresa EMIN Ingeniería y Construcción, y el año recién pasado se incorporó como socio a Voces Mineras A.G. Casado hace casi 23 años, su esposa también es ingeniera civil y con ella tiene tres hijos; la mayor estudia Medicina, el segundo pasó a 4° Medio y el menor a 7° Básico.

Tras terminar la enseñanza media en el Colegio Alonso de Ercilla, de la Congregación de los Hermanos Maristas, Ignacio Gaueca ingresó a la Escuela de Ingeniería de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile, donde obtuvo el título de Ingeniero Civil Estructural en 1999. A ello sumó más tarde un MBA en la Pontificia Universidad Católica, durante el cual realizó una investigación para la empresa chilena JRI, enfocada en delinear un plan estratégico para ingresar al mercado chino con foco en ingeniería.

Su carrera profesional la inició en el área de energía, en Colbún, donde le tocó trabajar en el montaje de dos unidades en la central Nehuenco, en subestaciones y en obras de líneas de alta tensión. Si bien recuerda esa experiencia como una muy buena escuela, sintió la necesidad de cambiar, porque “estaba como en una burbuja”, dice. Se le presentó la oportunidad de formar una constructora que compitiera en el Tier 2, la que terminó migrando al sector inmobiliario, por lo que no cumplió sus expectativas y después de año y medio se integró a la empresa Techint, que en ese entonces tenía planes de establecerse permanentemente en Chile.

En esa compañía su rol comercial le permitió involucrarse en importantes proyectos, cuyo foco principal estaba en la industria minera, a través de contratos EPC (Engineering, Procurement and Construction). Adicionalmente exploró oportunidades en el mercado de generación eléctrica, ampliando el alcance de la gestión hacia nuevos sectores. “En los cinco años que estuve ganamos proyectos importantes con Compañía Minera Doña Inés de Collahuasi y Antofagasta Minerals”, relata. 

Posteriormente, y capitalizando su experiencia en los mercados minero y energético, se incorporó a la empresa sueca Skanska, donde se desempeñó hasta que fue invitado por su ex jefatura a trabajar en Sinclair Knight Merz (SKM), firma de ingeniería de origen australiano. Tras la adquisición de SKM por parte de la compañía estadounidense Jacobs en 2013, y frente a los cambios culturales derivados de este proceso, decidió continuar su desarrollo profesional en otra firma australiana, GHD.

En ella se desempeñó como gerente de Desarrollo de Negocios para las cinco unidades de la compañía en Chile, abarcando las áreas de minería, minería no metálica (litio), energía, agua e infraestructura, puertos, puentes y autopistas, además de ejercer el cargo de gerente general interino por un período de seis meses.

En 2017 llegó a EMIN Ingeniería y Construcción, empresa a la que, tras un breve paso por Ausenco (entre mediados de 2023 y fines de 2024) retornó en enero de 2025. Actualmente, como gerente de Desarrollo de Negocios en EMIN, es responsable de definir y ejecutar la estrategia comercial, gestionar relaciones con clientes, liderar negociaciones y mantener un relacionamiento estratégico con proveedores. Su foco principal está en la generación de relaciones de largo plazo, con el objetivo de concretar los principales contratos en movimientos de tierra, para proyectos de tranques de relaves, ductos, pilas de lixiviación y otras obras civiles.

“Conociendo estos dos mundos, ingeniería de consulta y construcción, mi corazón está en la construcción, allí aporto mucho más valor y me gusta más. Soy más de hacer cosas, pero tengo ese mix de entender lo que es una etapa más temprana y lo que es la ejecución. Esto me ha servido mucho para entender los proyectos desde su génesis y cómo muchas veces no se captura el valor de lo que tienen que decir las constructoras en esta etapa, para poder resolver tempranamente problemas que terminan impactando los costos y las programaciones posteriormente”, señala.

Ignacio Gaueca

Constructibilidades en etapas tempranas

“Todos los proyectos se escapan en Capex y en plazo. Entonces la clave es definir qué haremos para mejorar esto, porque si seguimos haciéndolo igual, los resultados van a ser los mismos”, subraya Gaueca.

En ese sentido, sostiene que existen decisiones y acciones en las primeras fases de un proyecto que impactan mucho en la ejecución: “Cuando se aprueban los Estudios de Impacto Ambiental (EIA), por ejemplo, muchas veces quedan mal definidos aspectos clave, como los espacios destinados a la instalación de faenas, las fuentes de abastecimiento de agua o las estimaciones de las curvas de dotación. Son antecedentes que, en etapas tempranas, resultan ser no tan relevantes cuando el cliente está haciendo los cálculos económicos o viendo las variables necesarias para aprobar el estudio ambiental. Sin embargo, luego en la ejecución, se dan cuenta que deben ajustar lo aprobado y empiezan los aumentos de plazo”.

El ingeniero comenta que poco a poco los clientes están más abiertos a desafiar las formas de llevar adelante proyectos, permitiendo la incorporación de “constructibilidades” en una etapa temprana, de manera de capturar el valor que los constructores pueden aportar desde la fase de estudios.

Acota que compañías como Codelco, debido a su modelo de gobernanza, antiguamente les complicaba esta forma de trabajar. Esto, porque una empresa constructora que participara en la etapa temprana de un proyecto podría adquirir una ventaja competitiva ante la adjudicación de una fase posterior del mismo.

“Codelco se ha ido abriendo progresivamente a probar nuevas modalidades dentro de las licitaciones de ingeniería nueva y ha solicitado a las empresas de ingeniería que vayan en conjunto con empresas de construcción, con el fin de incorporar tempranamente su experiencia en constructibilidad”, puntualiza.

Nuevas modalidades

Asimismo, Gaueca destaca que están surgiendo nuevas formas de ejecutar proyectos. “Están apareciendo conceptos como el Integrated Project Delivery y modelos contractuales como FIDIC (Federación Internacional de Ingenieros Consultores) y NEC (New Engineering Contract), los cuales se alejan de la metodología tradicional, en la que cada etapa cuenta con procesos de licitación, plazos y costos propios, lo que implica mayores tiempos y sobrecostos”, indica.

En contraste, dice, que los nuevos modelos promueven un trabajo colaborativo entre todos los actores de la cadena. “Eso significa que los ingenieros, los proveedores de los equipos principales, las constructoras –y puede ser más de una constructora– se juntan, parten en una etapa temprana y se acompañan hasta el final, hasta la ejecución del proyecto”, explica.  

“Tiene mucho sentido que bajo esta modalidad se obtengan buenos resultados. Las programaciones resultan mucho más ajustadas, ya que todos trabajan de manera coordinada, lo que evita tiempos muertos asociados a los procesos de licitación y los costos que estos conllevan”, remarca. Además, resalta que mientras hoy el riesgo está concentrado en el cliente, en los modelos más colaborativos e integrados dicho riesgo se comparte entre las partes. No obstante, advierte que estos esquemas tienen otros desafíos, como la necesidad de contar que en todas las partes exista flexibilidad y, sobre todo, confianza entre todos los actores involucrados.

Si bien algunas firmas internacionales están empujando para que se apliquen las nuevas tendencias en la industria minera, aún falta para que esto ocurra. Un ejemplo concreto se vio en Perú, para las obras de los Juegos Panamericanos. 

“El sector minero es muy conservador, pero hoy en día los clientes mineros están abiertos a escuchar más, a probar más. Se están haciendo recién algunas cosas en Australia y Sudáfrica”, comenta. “El cambio no va a ser fácil, va a tomar tiempo, pero creo que tarde o temprano va a coexistir el modelo convencional con estos nuevos, quizás no para los megaproyectos, pero sí para un segmento de proyectos de menor tamaño y acotado, y se van a integrar empresas de ingeniería con constructoras donde puedan ofrecer el servicio completo”, sostiene.

Gaueca destaca que están surgiendo nuevas formas de ejecutar proyectos.

Codelco

– ¿Cómo explicarías los problemas que ha tenido Codelco con sus proyectos estructurales, tanto en demoras como en sobrecostos?

– Codelco es una tremenda empresa, pero hay ciertos aspectos propios que son parte de su gobernanza que la diferencian de los clientes privados. A diferencia de estos, en que ellos mismos ponen sus reglas y pueden hacer excepciones, en Codelco es muy difícil hacer eso, porque hay muchos ojos y stakeholders involucrados, y como es una empresa del Estado tiene muy “poca cintura”. Por ejemplo, en Codelco es muy difícil que una oferta no sea adjudicada por precio. Aunque el segundo tenga mejor calificación técnica, genere más certeza, menor plazo y más valor al proyecto, es casi imposible que puedan justificar una adjudicación en esas condiciones. Ellos tienen esas reglas del juego y eso a veces va en desmedro de los proyectos. Competir en precio no es lo más sano para obtener los mejores resultados, especialmente con proyectos complejos que requieren soluciones a la medida.

Viviendo el boom

– ¿Cómo ves el panorama de los proyectos mineros, viene un nuevo boom?

– Nosotros lo estamos viviendo. Todos los proyectos que de alguna manera estaban durmiendo, despertaron a mitad de año. Están todos con el pie en el acelerador, pensando en cómo generar más producto motivados por los altos precios de venta de sus productos comerciales. Los clientes que tienen proyectos en Chile y los de la región están desesperados por correr fuerte y avanzar.

– En el boom anterior sucedió algo similar y por apurarse se cometieron muchos errores…

Probablemente va a volver a suceder. Ya se empieza a notar la presión, el indicador de la AIC ya se pegó un primer repunte. En el mundo de la construcción, particularmente en las etapas grandes de montajes electromecánicos, aún se observa delay. Al mirar a las grandes empresas del sector, se ve que no hay tanto proyecto de montaje electromecánico aún; probablemente van a empezar a aparecer a mediados de este año. En cambio, en el área de movimiento de tierras, que corresponde a la primera etapa de la construcción y donde está EMIN, todos están en carrera hoy. Nosotros ya estamos conversando con las líneas aéreas para que resuelvan el tema de capacidad, horarios y cómo se puede mejorar la gestión de la infraestructura. El aeropuerto de Calama tendrá una sobre demanda, igual que la hotelería y servicios. Eso implica también que debemos cuidar a nuestros talentos. 

– ¿Ya empezó a actuar la grúa o han sentido escasez de mano de obra?

– Los hunters están bastante activos y se nota que va a generar una presión en los salarios. El mercado de mano de obra es fijo y la demanda está creciendo, lo que genera desestabilización del orden actual.

«Están todos con el pie en el acelerador», dice el ingeniero sobre la actividad en la industria minera.

Argentina: potente, pero con barreras

– ¿Cómo ves el panorama en Argentina, que tiene una importante cartera de proyectos?

– Este caso lo he seguido desde hace bastante tiempo y creo que existen varias barreras. La primera es que en Chile se proyecta mucho trabajo, por lo que surge la pregunta de si realmente vale la pena mirar para el lado. En segundo lugar, Argentina es un país fuerte en petróleo y gas, no es minero, por lo que requiere de apoyo en términos de experiencia. Además, la poca actividad minera desarrollada en Argentina estuvo durmiendo mucho tiempo. Es rápido desembarcar con conocimiento en ingeniería, de hecho, la mayoría de las empresas internacionales están allá, pero no es igual de fácil en lo que se refiere a la construcción con estándar minero. 

A esto se suma el marco regulatorio exigido por el sistema RIGI y los gobiernos regionales, que requiere el uso de mano de obra local y que tienes que estar asociado con una empresa local, ya que no es posible adjudicar directamente a una empresa ciento por ciento chilena, y a eso debes sumarle los sindicatos que son muy relevantes.

Desde el punto de vista de la construcción, existen proyectos muy grandes, como Mara y Vicuña, con clientes internacionales grandes y ampliamente conocidos, pero su desarrollo se vuelve complejo. Al final, lo principal que puedes ofrecer es el “seniority” o conocimiento, y ese conocimiento está concentrado en los cargos más altos. Entonces surge la pregunta: ¿vale la pena destinar esos recursos y asumir un mayor riesgo al operar en otro país, o es preferible destinarlos localmente con clientes conocidos y con mayores niveles de certezas? 

Ahora bien, quien entre ahora o en las primeras etapas va a crecer junto con ese mercado. Y respecto al litio, van mucho más rápido que nosotros. Basta ver la enorme inversión que hizo Rio Tinto, de US$7.000 millones. Las concentraciones de mineral son más bajas, pero los mineros están invirtiendo allá, porque es atractivo para ellos.  Los proyectos chilenos no sólo compiten con los de Argentina, sino también con los de Perú. Entonces, tenemos que ser más estratégicos como país para que esas inversiones puedan mantenerse en Chile.